Dienstag, 25. Mai 2010

La suerte y la brújula en la cultura del malestar






a mis hijas Julia y Diana, que un día me empezaron a preguntar por la suerte





Leí una vez, creo que en Paul Auster, lo importante no es tener buena suerte o mala suerte, sino tener suerte. Quizás sea éste un camino posible hacia la felicidad de algunos.

Yo no busco, encuentro. Es otra variante.
A la suerte hay que ayudarla. Y los lectores seguro conocerán muchas mejores expresiones que apuntan a lo mismo.

En este sentido, pienso que lo contrario de la suerte, sería la quietud.

Freud, en el Malestar en la Cultura, le dedica un párrafo interesante al examinar la quietud.
La quietud es el método más inmediato para protegerse contra el sufrimiento que ocasionan las relaciones humanas, y así, llegar a la felicidad. Quedarse quieto, aislado de los demás. Puede entenderse así la fantasía robinsonena.

La suerte cuando nos es adversa nos es incluso más esquiva, ya lo canta el tango en Yira Yira, y nos preguntamos entonces amargamente por cuál es el sentido de la vida. Freud hace un comentario de peso sobre esta pregunta: se trata de una vanidad antropocéntrica, y que para eso está la religión: para darle un sentido a la vida.
Religión a la que Freud describe sin ambages: es un delirio colectivo. Pero me parece que no debemos apresurarnos a tomarlo como un juicio despectivo, sino como delirio en sentido psicoanalítico, se ama al delirio como se ama a sí mismo. Y agrega que la religión logra evitar a muchos seres la caída en la neurosis individual. O sea, que ahí donde falla la religión aparece el campo del psicoanálisis.

Para ser feliz hay que tener suerte ? Puede el psicoanálisis hacer algo por la felicidad ? E incluso, puede el psicoanálisis hacer algo por la suerte ? Respecto del último interrogante, creo que puedo decir algo.


En general el ser humano aspira a la felicidad, y cómo lo logra: evitando el displacer y el dolor pero también disfrutando de las sensaciones placenteras, en otras palabras el menú de la vida viene dado por el soft del principio del placer.

Pero ante el principio del placer choca casi todo. Menudo principio. El soft tiene un virus, falla. De esto se trata en el malestar en la cultura. El plan de la "creación" no incluye que el hombre sea feliz, concluye Freud.
La felicidad, es así, casi, una utopía.

Y precisamente es la felicidad lo que se nos demanda en análisis, recuerda Lacan en La Etica. y agrega, en Radiofonía y Televisión, que lo que del psicoanálisis se puede esperar, es elucidar el inconsciente del que se es sujeto.

En cambio a la desgracia, la infelicidad, la encontramos a diario: los achaques del cuerpo, las fuerzas del mundo exterior y completando la lista, las relaciones humanas (familia, estado y sociedad).

Para regular estas últimas hemos creado instituciones políticas, administrativas, económicas, culturales, familiares, pero que no nos han proporcionado mayor felicidad.

La cultura en pluma de Freud es la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de los animales, hoy día diríamos de la naturaleza según Levi-Strauss.
En la evolución filogenética del ser humano, el pasaje a la postura erguida señala el paso de la naturaleza a la cultura, con sus principales logros fundacionales:
la conquista del fuego, la ley, el derecho y podríamos situar aquí: el lenguaje, no el lenguaje de las abejas, sino el lenguaje del equívoco, el lenguaje del permanente desencuentro entre el soporte material de la palabra y sus significaciones. Así es como nacieron los chistes, los actos fallidos, el inconsciente, y porque no, la suerte.
Ya que en lo real no hay suerte, lo que tiene obsesionada a la física cuántica desde hace años, obligada a introducir la estadística para establecer las posibilidades de encontrar en electrón en un momento dado y en un sitio determinado. Para ver pasar al susodicho electrón, hay que hacer intervenir al azar, hasta que algún día una ley física lo incorpore al campo de la exactitud científica.


Pero, estos logros culturales entran en conflicto con la satisfacción de nuestras libido.
Y especialmente con nuestras tendencias agresivas, destructivas, el instinto de muerte. Y por eso falla el soft del principio del placer.

La cultura refleja, según Freud, el choque permanente de aquello que estamos hechos: libido y muerte, la evolución cultural es entonces la lucha de la especie humana por la vida.


Estas tendencias agresivas, que antes de la cultura eran volcadas sobre el objeto externo, han sido introyectadas y retornadas cual boomerang contra el propio yo. El culpable de esta agresión endopsíquica es el super-yo, que para los castellanos es aún mas super. En alemán Freud lo bautizó Über-ich, o sea algo que esta por arriba del yo o sobre-yo.
Te odiarás a ti mismo como a tu prójimo, tal paráfrasis podría reflejar la moral superyoica, pero que Lacan sintetiza mucho mejor con el imperativo: Goza !.

A partir de aquí el hombre deja de ser castigado por cometer un "pecado", ahora tiene su castigo con solo pensarlo, y como para colmo los pensamientos inconscientes tampoco escapan a la vigilancia del super-yo, el pobre sujeto, a menos que se analice, no tiene ni noticias de estos pensamientos, y se pregunta todo el tiempo por qué la vida no le sonríe.

Y de aquí llegamos a la angustia y al sentimiento de culpa.

Lo bueno y lo malo se funden en una ecuación cuya incógnita una vez despejada se traduce en el miedo a la pérdida de amor: la Hilflosigkeit dice Freud, el desamparo. Entonces lo malo queda como aquello que amenaza con la pérdida de amor. El poder del super-yo se centra en este principio.
Si el destino nos es adverso significa que ya no somos amados, y entonces redoblamos el sometimiento al super-yo, y toda nueva renuncia a la satisfacción aumenta su severidad ,pues los componentes agresivos de la pulsión a la que se renuncia alimentan al super-yo que entonces exige más. Es un círculo vicioso.
Esta reacción en cadena la describieron muy bien tanto Freud como Lacan.
Y Freud señala: la adversidad (la frustración del exterior) , intensifica enormemente el poderío del super-yo, mientras la suerte sonríe al hombre, su conciencia moral es indulgente y concede grandes libertades al yo, en cambio, cuando la desgracia lo golpea las exigencias de su conciencia moral (el super-yo) aumentan.

Es curioso este hecho, pero es esencial: cuanto peor nos va en la vida, peor se vuelve el super-yo, cuanto más renunciamos a nuestros deseos, más exigente se vuelve el super-yo y según cada caso, el sujeto puede estar más volcado a la quietud.
De este conflicto, a muchas personas no les llega más que un difuso reflejo a través de angustias etéreas , sentimientos inexplicables de culpa, sensación de andar desorientado por haber perdido la brújula de la vida.
Además, siguiendo la metáfora, en la cultura actual ni siquiera es necesaria la brújula, tenemos el GPS, es decir como dijo un colega recientemente en Twitter, ya ni siquiera es necesario pensar, aprender un camino, seguimos a la voz. Ya no se hace camino al andar, hay camino !!


Según mi entender en las grandes crisis: desocupación, hiperinflación, ataques terroristas, calamidades naturales, sublevaciones, golpes de estado, corralitos (no me refiero al del fort-da), el sujeto puede justificar más fácilmente su desgracia al atribuírsela al exterior, es decir el sujeto se implica menos en su destino, y esta es otra variante exquisita del super-yo, desorientar al sujeto en el encuentro de su deseo.


Entonces cómo hacer para que la suerte nos sonría ? No se trata de la suerte al echar una moneda, de esa suerte ya nos ilustraron muy bien Poe y Lacan con la carta robada, es una suerte que reproduce cierto automatismo. Es la suerte del automatón, cuya lógica exaspera al jugador compulsivo a descifrar sin limite.
En cambio la suerte de encontrar una moneda, no importa si cara o ceca, esta ya es otra clase de suerte. O en el plano sentimental la suerte de encontrar al amor de mi vida, o por qué no, la suerte de encontrar un analista.



En estas suertes se trata de la Tyche, hallazgo del griego que introduce Lacan para explicar esa suerte a la que sale uno al encuentro, es cuando el destino sonríe. Es la suerte que se produce en el movimiento del deseo. Desear. Y desear es la metonimia del discurso de la demanda, es el cambio por el cambio mismo, el cambio de objeto, y no el objeto (que es donde se empantana la demanda), es el cambio en torno de una nada, esta nada que nos introduce la cultura. Y vivir viviendo ese deseo, tal es la suerte que puede proporcionar el análisis en el que la pérdida de consistencia del Otro se traduce en un relajamiento del super yo.

Articular las letras de ese destino que significa la línea de la vida humana, hallar el nombre de la felicidad de cada uno.


Berlín meridional, mayo 2010




Bibliografía y música citada y/o recomendada:
S. Freud - El malestar en la Cultura
J. Lacan - La ética del Psicoanálisis - Libro VII
J.Lacan - Radiofonía y Televisión
E.A. Poe- La carta robada
P. Auster: quien encuentre la cita agradeceré me haga saber en qué libro está.
J.L.Borges: Ficciones
E.S. Discepolo - C. Gardel / Los Piojos: Yira, Yira
Los redonditos de ricota: Vencedores Vencidos

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