Sonntag, 19. Mai 2013

UN INSTANTE MÁS Y LA BOMBA ESTALLÓ





a MD con cierto retraso.
 Por Claudio Steinmeyer, Berlín, Mayo 2013

























-         El primero aún parece un accidente. Incluso a esta distancia, muy lejos, tantos días después, aquí estoy, pensando que es un accidente.
-         Porque tiene que serlo-dijo ella.
-         Tiene que serlo- repitió él.
-         El modo en que la cámara parece manifestar su sorpresa.
-         Pero sólo el primero.
-         Sólo el primero – dijo ella
-         El segundo avión, para cuando aparece el segundo avión –dijo él-, ya somos todos un poco más viejos y sabemos más.

(“El hombre del salto”, Don Delillo)





Fueron cuatro atentados terroristas que me dejaron una suerte de marca insistente: Embajada de Israel (17.03.1992),  AMIA (18.07.1994), los aviones de  EE.UU (11.09.2001), los trenes de Madrid (11.03.2004). Los dos primeros sucedieron en mi ciudad, en la que en aquel entonces vivía. Escuché sus explosiones, ví sus humaredas, me estremecí con sus interminables sirenas de ambulancias y bomberos.
El de Madrid me encontró estando en Barcelona, fue un viernes 11 de Marzo, cuando todos discutíamos sobre las elecciones presidenciales de España previstas para el siguiente domingo.
Los atentados con los aviones  los ví por televisión, quizás los más siniestros de los cuatro, aviones comerciales estrellados contra edificios civiles.

Sea como sea, el reciente atentado durante el Maratón  de Boston (15.04.2013) significó cierto punto de basta en mi subjetividad y me decidí a escribir algo al respecto, tratando de enmarcarlo en nuestro discurso psicoanálitico.

Escribir uno por uno sobre lo real, quizás de eso se trate la respuesta subjetiva que estaba madurando en mí .

He señalado con exactitud las fechas de los atentados, porque ya la manera de referirse a alguno de ellos, como 11-S, 11-M,  refleja bastante bien el intento simbólico de ponerle una cifra, una letra, a aquello para cuya simbolización no se está “naturalmente” preparado. Me parece que no es casual que semejante irrupción de lo real tienda a quedar marcada con una cifra y una letra, una mínima referencia simbólica  allí  donde el tiempo lógico se detuvo en el instante de ver, con una muy lenta comprensión y acaso conclusión.


Esta irrupción de lo real que desencadena el acto terrorista se asemeja al modo de una catástrofe natural, como un tsunami,  con la diferencia de que el acto terrorista ha sido perpetrado por personas. Es un acto artificial, lo que a mi criterio lo vuelve más ominoso, incluso en sentido freudiano, el edificio, el avión, que nos resulta tan familiar todos los días, se transforma de un momento al otro en un angustiante infierno.
No pretendo hacer un exhaustivo análisis psicoanalítico del terrorismo. No soy especialista en el tema ni es este el espacio indicado. Además hay colegas que han escrito interesantes  desarrollos sobre la cuestión. Sólo por citar algunos: Fernando M. Aduriz (ELP) , Miquel Bassols (ELP) y Eric Laurent (ECF) por nombrar trabajos de reciente aparición y escritos  desde la orientación lacaniana como contribución a la clínica post-traumática de los sobrevivientes y afectados directos.
En esta ocasión sólo quisiera intentar aproximarme a alguno de los aspectos de tan complejo fenómeno de la época, el que representa los atentados terroristas  y sus efectos en aquellos  sujetos alcanzados mediáticamente.
Cuya emblemática fue inaugurada con los atentados del 11 de Septiembre de 2001.
Capturada por los medios masificados, lo que se estrella, lo que se derrumba, nos mira.
El acto terrorista pretende hacer un cortocircuito entre lo real y lo imaginario, cierta efracción de lo simbólico. Una especie de estadio del espejo pero sin un lugar tercero con el que confirmar la imagen, fragmentando la seguridad que ofrecía el mundo (Umwelt) hasta ese momento. La suplencia en ese punto se desanuda. Aquello que Joyce tan trabajosamente logró a través de la escritura, construir un “yo” con el cual anudar los tres registros del sujeto: simbólico, imaginario y real, el acto terrorista lo borra. El atentado borra en lugar de escribir. Es lo que no cesa de borrar si me permiten la paráfrasis lacaniana. O quizás esto haya cambiado últimamente y sea más correcto decir se trata de lo que no cesa de no borrarse, como se puede desprender de lo que viene a continuación.
En principio podemos decir que el acto terrorista no hace discurso. Es, como lo señala Laurent, la pura voluntad de muerte por parte del Otro.
Encontramos en el texto de Bassols un breve referencia clínica, relatada por una enfermera que brindó asistencia  en los trenes a los heridos del atentado 11M.
Ella relata el impacto que le produjo oír los móviles sonando por doquier, llamados que nunca serían respondidos...
Esto es señalado por Bassols para remarcar el hecho que en lo traumático no se trata tanto de lo que efectivamente sucedió, sino de lo que nunca llegará a pasar. Lo real que no llega a tener lugar en lo inconsciente.
Una imagen de similar fibra emocional la encontramos en la novela citada en el epígrafe de Don Delillo  sobre el 11-S: la gente que quedó atrapada por arriba de los pisos en los que se estrellaron los aviones. Muchos recordaremos  las imágenes de la gente desesperada tirándose al vacío eligiendo enfrentar a la muerte antes que morir en las llamas. Pues bien, hubo quienes se lanzaron al vacío en parejas, tomados de la mano. Morir con el otro, impresionante respuesta subjetiva ante la voluntad terrorista de la muerte del Otro.

He visto decenas de dibujos realizados por niños neoyorquinos sobretodo preescolares recopilados por la ACIA en los meses posteriores al ataque. Impresionan sus rasgos toscos, descoloridos, austeros. En general parecen haberse inspirado en la transmisión de la TV a pesar de vivir en la misma ciudad de los hechos. Un elemento repetitivo son figuras humanas cayendo en el aire al costado de los edificios envueltos en llamas. Me recuerda a lo que en mis tiempos de estudiante nos enseñaban desde la clínica kleiniana en el trabajo con dibujos infantiles:  la pura envidia sin tercerizar, destrucción oral sin subjetivación posible, tanto para el atacado como para el atacante.


Hay innumerables formas de describir, desde la sociología política, lo que es el terrorismo. He escogido -casi al azar- una de ellas,  la que suele citarse en el Depto. de Estado de los EEUU, definicion de Boaz Ganor (Israel, 2000):  "violencia premeditada, con motivación política, perpetrada contra objetivos no combatientes por grupos no estatales o agentes estatales clandestinos, habitualmente con el propósito de influír en la opinión pública o audiencia-objetivo.
En este sentido se puede diferenciar el acto terrorista del crimen organizado. El terrorista busca modificar o destruir la estructura legal vigente, mientras que el crimen organizado busca beneficiarse de la violación de las leyes pero no se plantea su transformación.” Esto no quita que por motivos estratégicos uno y otro puedan coincidir.



Sin embargo esta definición del terrorismo  deja por fuera un aspecto, a saber el acto terrorista. Pues en definitiva el terrorismo ES cuando ACTUA. Con sus características de imprevisibilidad y anonimato
La guerra es la extensión de la política por otros medios, define Clausewitz. El terrorismo es la negación de la política, la suspensión institucional, el colapso de los derechos. Es la mítica horda antes de dar muerte al Padre gozador y fundar el grupo social.

Un instante más y la bomba estallaba, cita Lacan en varias ocasiones para señalar con la indeterminación del verbo imperfecto,  que a falta del contexto,  el suceso pudo ocurrir, o bien pudo no ocurrir.

Pero tomándolo por el sesgo de lo mediático de un atentado con las interminables imágenes que se reproducen sin solución de continuidad, podemos decir que el acto terrorista borra esa indeterminación: un instante más y la bomba estalló. El sujeto no encuentra salida en ninguna ambigüedad. Produce una coagulación del sentido. El significante queda girando sobre sí mismo, casi hecho un signo.

Terror: si bien últimamente solemos asociar el término a fundamentalismos religiosos, su origen se remonta precisamente al momento de la irrupción del iluminismo y la revolución francesa, concretamente a aquella estrategia jacobina aplicada por Robespierre desde el estado, inaugurando así el denominado terrorismo de estado. Pero este terrorismo de estado, siguiendo a Ganor, no debe confundirse con el terrorismo antes definido. En el terrorismo de Estado el sujeto está advertido de que cualquier cosa puede pasarle a cualquier persona en cualquier momento.

 En el terrorismo “a secas” interviene claramente el factor sorpresa, lo inesperado. Sucede allí donde no se lo espera. Es una suerte de envés de la estrategia preventiva de la fobia.
Quizás por eso no hablemos de “angustismo”.
Hay otro carácter que debería de llamar nuestra atención: la cuestión de lo anónimo, hubo un tiempo en que tras el atentado terrorista, el grupo autor se adjudicaba la responsabilidad del atentado. Incluso competían diferentes grupos por adjudicarse la autoría.  Se ve que la estrategia cambió, hoy en día esa responsabilidad aparece diluida, a lo aleatorio de las víctimas se suma el desconocimiento de quién fue el autor. Así cualquiera puede ser víctima, pero también sospechoso.

El cuarto avión señala una nueva era:
Pero hay un hecho nuevo a saber: las redes sociales, las tecnologías actuales de comunicación. De hecho, el cuarto avión del 11-S, no llegó a su objetivo puesto que los pasajeros, advertidos por sus seres queridos a través de los móviles  de lo que estaba sucediendo, decidieron amotinarse obligando a los terroristas a estrellar el avión en el campo. Estos pasajeros, hombres y mujeres, son a mi criterio, los nuevos héroes de la época.

Estas mismas redes sociales permitieron también que en el reciente atentado del maratón de Boston se identificaran a los responsables: esto introduce un hecho nuevo en la lógica del terror, el anonimato encuentra un límite.
Quizás por eso este atentado, en el que se identificaron a los responsables, quede inscripto en la memoria colectiva como Boston Bombing antes que 15-A.


Es decir, la lógica terrorista se encuentra desde Boston con una novedad de estructura: así como esos  móviles del 11M sonaban sin obtener respuesta,  son móviles que ahora capturan imágenes, miles de fotos, videos, escenas al azar que ayudaron a capturar a los responsables.
Cualquiera puede ser víctima, cualquiera puede ser sospechoso, pero cualquiera puede ser testigo que ayude a la identificación de los responsables.
Esta época superdigitalizada, invasiva de la vida privada es al mismo tiempo su garantía, sino para prevenir los actos terroristas por lo menos para aclararlos, puesto que en definitiva la justicia es uno de los medios para resolver ese agujero simbólico.
En el día del atentado de Boston, en uno de los tantos comentarios publicados en Facebook, alguien  expresaba “día triste para los corredores y otros deportistas”, y un familiar le respondía con la intención de transmitir consuelo “Bueno, así es el mundo donde estamos ”. Se puede notar en este comentario cierta re-absorción del terror en la cultura.


Recuerdo que el psicoanalista Javier Aramburu solía decir del Otro cultural que no nos lo imaginemos simplemente como un señor con barba y astuto, sino como un hecho de estructura por el cual todo lo producido en la cultura es apropiado, domesticado, por el Otro. Y quizás el acto terrorista buscando conmover a los medios ha logrado diluir por los mismos medios su propio mensaje. El Otro cultural mediático se fagocita al terrorismo.




BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

“El hombre del salto”, Don DeLillo , HarperCollins / Planeta, BCN 2010
“El Inconsciente, Otra cosa”, Miquel Bassols, Sección clínica de Barcelona, 2013
 “Maratón”, Fernando M. Aduriz, http://www.blogelp.com/index.php/maraton-fernando-martin-aduriz-palencia , 2013 
 “El tratamiento de la angustia postraumática: sin estándares pero no sin principios”, Eric Laurent,  El psicoanálisis, núm., 7, p., 36, ELP, Barcelona, 2004.
“The World Trade Center Attack: Consequences and Perspectives for Children and Youth” -  The Academy for Critical Incident Analysis, NY, NY, USA.


La foto es de 1914, el autor es Eugene de Salignac . Es de la construcción del puente de Brooklyn. Me alegré de encontrar esa imagen pues a su vez señala una encantadora historia que conocí gracias a Paul Auster y contaré otro día.















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