Sonntag, 17. März 2013

Navegando en las redes sociales




por Claudio Steinmeyer, Berlín, marzo 2013








Hace unos días me propusieron una invitación  a un programa de TV en Berlín para hablar sobre el impacto psicológico de las redes sociales en el hombre moderno y acompañando un documental sobre sus efectos en el empleado de oficina contemporáneo.
Finalmente la invitación no prosperó. Se esperaba que yo hablara del nuevo criterio de la Evaluación, a saber, las “demencias digitales”.
Estas consistirían en un sujeto pasivo expuesto al aluvión de mails, mensajes via FB / TW, Whatsapp, SMS´s, etc., perdiendo así la concentración, interrumpiendo su trabajo, en  definitiva estresándolo y enfermándolo, y obligándolo a recurrir al médico. El programa incluso daba estimados sobre el costo económico de esta nueva patología para las empresas. “ Es la psiquiatría organizándose en torno de los costos financieros”, expresión tomada de Jacques-Alain Miller.
 En definitiva, eran demasiados límites a negociar para hablar del tema desde el psicoanálisis.

La evaluación pretende hacer de un conjunto de signos un diagnóstico: De esta manera quizás la próxima edición del manual psiquiátrico DSM incluya el siguiente cuestionario:
¿Twittea más de cinco veces por días ? ¿Permanece en Facebook por más de treinta minutos diarios? ¿Utiliza whatsapp mientras se ducha? ¿Lo primero que hace a la mañ­­­ana es revisar sus mensajes en el móvil? Y sí todo esto es afirmativo, pues bien amigo, Ud. padece una demencia digital.


En mi opinión, las redes sociales digitales constituyen  uno de los grandes y extraordinarios inventos de la humanidad, junto con la rueda, la imprenta, la brújula, etc.
Por supuesto no se trata de escapar a la paradoja que nos plantea Freud en el Malestar de la Cultura o de su alcance de “Buena noticia para la humanidad” (JAM, op. cit): P. ej. es maravilloso el invento del avión, puedo ir ahora a visitar a mis lejanos familiares, pero si no hubiera existido el avión, mis familiares tampoco vivirían tan lejos.
Cada conquista cultural reitera la falta.

Hacer recaer el centro de gravedad de las redes sociales en sus eventuales efectos iatrogénicos, me parece un despropósito, un desplazamiento del peso de la verdad. Es como si cuando el hombre conquistó la luna nos hubiéramos preocupado únicamente por un eventual impacto ecológico de las pisadas en la superficie lunar en vez de maravillarnos por la hazaña.
Pero avanzando un poquito más hacia el punto al que quiero llegar, de lo que se trata, dice Lacan (Seminario XVII), “es que los astronautas seguían conectados con la aletósfera,  acompañados todo el rato por ese “a” minúscula de la voz humana.” La aletósfera les evitaba la angustia.
Hacer a las redes sociales responsables del sufrimiento moderno, es de algún modo, siguiendo la imagen astronómica, eclipsar el cambio estructural que suponen estos medios para el siglo XXI.

Han hecho del usuario un verdadero constructor del saber, un participante activo en la elaboración de opinión, incluso política. Casi que el rol del diputado se desdibuja ante la moderna participación ciudadana directa. No es casual que en las democracias actuales el peso del poder republicano esté recayendo sobre los otros dos pilares: el poder ejecutivo y el judicial, mas difíciles de reemplazar por medios digitales.


Escribí alguna vez: el mar, la primera y quizás irrepetible red social de la humanidad.
El navegar nos permitió descubrir el mundo.  Pero visto más de cerca, el concepto de “red social” es un tanto redundante, lo social es red. Y su instrumento es y será, la palabra y el lenguaje, Que sean átomos o bits, como describe Nicholas Negroponte, es para nosotros indistinto.

Me he interesado mucho en las recientes proposiciones de Jacques-Alain Miller relativas a la “Libertad de la Palabra” y a la responsabilidad del analista en su mantenimiento – dentro y fuera- del dispositivo analítico. En este marco, las redes sociales están multiplicando exponencialmente la libertad de la palabra.
Pero precisamente por este hecho, y como bien lo indica Miquel Bassols, al mismo tiempo se multiplican los efectos del inconsciente.


Mientras haya palabras habrá malentendidos, significaciones fallidas, chistes, lapsus, demandas y deseos, en fín, la lógica del inconsciente nuestro. Descubrir que no-todo está en Google.
El mismísimo nacimiento de las redes sociales se articula con los temas nuestros de todos los días.
El académico y harvardiano Facebook se encuentra muy cercano al estatuto de una carta de amor a una mujer. Twitter en cambio nace en el medio-oeste agrícola de EEUU., un ambiente más mundano y austero, inspirado en los mensajes cortos de taxis y servicios logísticos. Uno quizás apela más a la imagen, el otro a la letra pura y dura. Sea como sea son plataformas que como antes el fax, el telex, la carta y la pluma o las tablas de Moisés, ponen en juego lo mismos elementos estructurales: la demanda del /al Otro, el deseo en sus intersticios, la fantasía y la angustia.
Y de esta última se trata cuando el “empleado de oficina” se encuentra “agobiado” por un aluvión de mensajes. No es otra cosa que  la Demanda del Otro que tan familiar nos resulta  en los psicoanálisis.
El oficinista moderno, al que se refiere el documental que mencionaba al comienzo, se encuentra expuesto a la Demanda del Otro, al pedido del Otro. La empresa espera a su vez de él que haga algo con esa demanda. Por lo que se encuentra a su vez entre dos demandas. Vivir en la demanda.

Ante este pedido del  Otro suele producirse la angustia y sus derivados: deficit de atención, stress, palpitaciones, sudor, agobio, etc.
Considero que esta producción de angustia no es atribuíble al “medio digital” sino a la posición subjetiva de cada uno.
Desinflar al Otro de la Demanda no se hace apagando el Facebook o medicando al usuario, se hace a través de una Política del Lenguaje en la inigualable experiencia que consiste la travesía por el amor de transferencia a la que lleva un psicoanálisis.


Medios articulados:

Sigmund Freud – El Malestar en la Cultura

Jacques Lacan – Seminario XVII

Jacques-Alain Miller “Las buenas noticias del progreso”

Miquel Bassols – El inconsciente, Otra cosa.

Social Network, película de David Fincher

Wikipedia – tema Twitter

Nicholas Negroponte- Being Digital



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