Sonntag, 3. Februar 2013

EL ENJAMBRE* ZUMBA



 (una parábola)
 por Claudio Steinmeyer, Berlín, febrero 2013



Había una vez un enjambre.  Como todo enjambre que se precie, este contaba con una reina, su miel, sus obreros y obreras, sus zánganos y zánganas. Los zánganos además de zanganear, gustaban de leer a Foucault.
El enjambre estaba en aquellos días a la búsqueda de una casa para poner una colmena. Pasar de la naturaleza a la cultura. Así es como llevaba mucho tiempo a la deriva, arrastrada por los vientos del norte se desplazaba cada vez más al sur.  Los miembros más jóvenes comenzaron a mostrar los primeros signos de fastidio y malestar. La hábil reina, que sin duda poseía cualidades de líder y que había leído el diario de Colón, prometió la pronta llegada a un paraíso para motivar a su agotada tropa.
Ella temía que sus seguidores se amotinaran y buscaran una nueva reina, o acaso un rey.
En el mundo de los enjambres los hay naturales, que no entran en el sistema de producción industrial, lo que se llama una colmena. Hay también enjambres parásitos, es decir, aprovechan colmenas abandonadas. Y hay enjambres piratas que desalojan a los habitantes de otras colmenas quienes en un momento de confusión han bajado inocentemente la guardia permitiendo así la entrada a los colonizadores.
Pero el enjambre del que nos ocupamos en este relato no entró a la fuerza, sino más bien con un truco, una especie de caballo de Troya. La reina decidió alojarse en una colmena ocupada sin recurrir a la fuerza, con el sólo arte de su danzarina seducción. Obreras y zánganos asistieron fascinados a promesas de miel eterna y de la construcción de una dinastía trascendente incluso a las posteriores generaciones.
Pero al pasar el tiempo la miel de la colmena ocupada comenzó a escasear. La reina decidió entonces sí apropiarse temerariamente de la miel de colmenas vecinas, amparada en parte por los argumentos del CZS - Consejo de Zánganos Sabios que a la sazón leía a Badiou (Alain). Fue entonces un procedimiento más rápido, efectivo y lucrativo que el engorroso mecanismo de producir miel propia con el néctar de las flores.
Incluso para aumentar el stock, se diluyó la miel con agua y esto generó inmensas expectativas de bonanza eterna. Tal es así, que con esta abundancia se permitieron vender el excedente de miel diluida a las colmenas vecinas que habían sido saqueadas.  Pero el tiempo continuó pasando – y como era de esperar – la miel diluida escaseaba.
Cada abeja comenzó entonces a guardar celosamente su porción. Surgieron así las primeras escaramuzas entre los miembros del enjambre para quitarse los víveres. Cuando el hambre y la escasez se extendieron a casi todo el conjunto, un anciano zángano recordó un grueso y abandonado libro en su biblioteca. En él se transmitía la sabiduría apícola y la técnica  ancestral de como producir la miel a partir del néctar.
Con renovado entusiasmo y esperanza, obreras y zánganos salieron a la luz y al aire libre decididas por primera vez en producir su propia miel. Pero era demasiado tarde. Descubrieron con espanto que hacía tiempo que las flores habían desaparecido ante la falta de abejas que las ayudaran a reproducirse.
Y el enjambre comenzó a zumbar.



*En el Seminario XX, Jaques Lacan, recurre a una homofonía en francés  entre essaim (enjambre) y S1, cuasi-homofónicos, para pluralizar el significante amo.






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